A los 29 tenía un trabajo que me hacía infeliz y una pareja que me hacía aun más infeliz, pero no terminaba de darme cuenta que eran un reflejo de mi propia insatisfacción.
Como el universo no te deja en lugares donde ya no podés crecer me echaron del trabajo y mi pareja me dejó.
En ese momento, ya no tenía nada que perder, tenía algunos ahorros, pero que no iban a cubrir más que dos meses y NO TENÍA IDEA de que hacer con mi vida...
Decidí no hacer lo que yo esperaba de mí misma ni lo que los demás esperaban.
Decidí tomarme un mes completo para meditar, cambiar mis pensamientos y aplicar ese curso que me había comprado hacía meses prometiendo que iba a cambiar mi vida, pero que por alguna razón nunca había aplicado.
En medio de ese mes de aplicar una rutina de pensamientos distinta y priorizar la calidad de mis pensamientos nació la idea de Manifestadoras, algo que nunca en mi vida creí terminar haciendo pero que mágicamente se alineaba perfectamente a mí, a mis gustos y a mi propósito.
En 6 meses estaba viviendo de mi nuevo trabajo, ganando más que en mi trabajo anterior y ayudando a cientos (que luego se convirtieron en miles y miles) de personas